La gente va a su bola

¿Cuántas veces hemos oído o dicho esa expresión?
¿Nos suena a todos verdad?
Porqué será…
Hay momentos en nuestra vida dónde la única explicación que le damos a todos nuestros males es esa, que la gente va a su bola. Y efectivamente, esto último es así, pero queremos hacer un pequeño matiz: Todo el mundo va a su bola, ¡tú también!
Y hoy quiero hablaros de las personas y sus bolas 😉
Como he comentado antes, efectivamente todo el mundo vamos a nuestra bola, es un derecho, es lícito pero también suele estar mal visto.
Es lógico que cada uno de nosotros vaya a hacer o escoger aquellas cosas que más le motiven, le interesen o simplemente que elijan y hasta aquí todo parece normal pero, ¡ay! Cuando esas elecciones de los demás dejan solito a nuestro ombligo…aquí empieza lo chungo y el despotriqueo. No lo vamos a negar, esas situaciones joden y mucho pero un momentín, ¿cuántas veces habremos generado nosotros esas emociones en otras personas sin ser conscientes de ello?
¡¡Ahí está la clave!!
La clave está en si somos conscientes o no, ¿de qué exactamente? Vamos a por ello.
Yo no sé vosotros pero, en mi caso, la mayoría de las veces que actuó lo hago primero pensando en mí (si señores y señoras es fundamental pensar en uno mismo) y luego en los demás. Con la primera parte a veces me lio un poco, pero eso es otro tema, y con la segunda ya ni os cuento. En multitud de ocasiones he actuado pensado que hacía algo bien y con el paso del tiempo me han recriminado el famoso “es que vas a tu bola” ¿yo? ¿Perdona?.
Aquí ya entramos en la clave del asunto:
-¿Actué pensando en lo que creía que pensaban los demás?
– ¿Actué pensando sabiendo lo que pensaban los demás porque lo había preguntado y me habían respondido?
-¿Los demás fueron sinceros conmigo en el momento de responder?…
Demasiadas preguntas ¿verdad? Pues sí, pero es que a veces nos complicamos demasiado la vida por esa extraña dificultad que tenemos los seres humanos de practicar la asertividad (decir lo que pensamos de una manera no agresiva).Por no decir en un momento determinado quiero que estés conmigo, que te vengas para acá, siento esto, siento lo otro…sino que nos callamos esperando a que el de enfrente sea adivino y que, por supuesto sepa que es lo que necesito en todo momento. Y ahí es cuando llega ese momento en el que el otro hace o dice aquello que no te conviene y acto seguido viene la frase famosa…
Y así, en frío pienso “que locura esperar que el otro haga lo que espero, sino es consciente de cómo me siento ni que me gustaría”.
Comencemos a resolver preguntas…
En consulta, enfatizamos mucho la RESPONSABILIDAD, la de cada uno (con esa ya tenemos suficiente no queremos ninguna más) y, por eso siempre animamos a quedarnos un rato con nosotros mismos, saber qué es lo que queremos y en base a ello actuar para hacer todo cuanto está en nuestra mano. Y con esto me refiero a que, si espero algo de alguien o quiero algo: DECÍRSELO. Esa es mi responsabilidad, hacer conscientes a los demás de lo mío.
Posteriormente lo que vaya a hacer el resto ya no me corresponde. Y mi éxito está en haber gestionado mi parte, en lo que respecta al de enfrente, depende de él y en ese momento, no habrá ido a su bola, habrá hecho una elección. Después de esa elección, volveré a sentarme a ver qué me ha hecho sentir, seguir gestionando qué es lo haré después y, esa será mi elección.
Así dejaré de juzgar a los demás, y por tanto a mí misma porque el día que me pille yendo a mi bola, no me vendrá el mal rollo, sino mi responsabilidad.
¡FUERA BOLAS Y BIENVENIDA SEAS RESPONSABILIDAD!

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